Participación

Publicado en La Nación el 7 agosto, 2000
Categoría: Artículos
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Nos apropiamos de aquello en lo cual participamos. La fiesta que ayudamos a planear, nos resulta más nuestra. Quedamos vinculados al plan de trabajo que armamos junto con otros compañeros. El mural en el cual pusimos unas pinceladas, es nuestro mural . Por eso se dice que cuando recibimos órdenes solamente, sin que nos hayan invitado a participar en el reto, quedamos menos vinculados.

En la empresa y en los países, cuando se habla de participación debe entenderse que existen distintos grados de participación. Cuando la persona jefe de grupo reúne a sus colaboradores y les presenta un problema y les dice lo que hará, los ha participado. Si además les pide ideas sobre soluciones o sobre ejecución de esas soluciones, los ha participado en un grado mayor.

Cuando los habitantes de un cantón se reúnen para tomar una decisión sobre medidas o proyectos municipales , están ejerciendo la participación y entonces se sienten más vinculados a su ejecución y más dispuestos a apoyarlas . Si la persona que tiene el rango de ejecutivo municipal, consulta a los habitantes del cantón cuanta decisión va a tomar, entonces podemos pensar que ya no es tan ejecutivo. Igual que sería un despropósito que la persona que dirige a un grupo sometiera a consulta de sus colaboradores todas las decisiones y acciones que ha de ejecutar o peor, que pretendiera que esas decisiones y acciones fueran hechas en forma colectiva.

En un país, las personas que ocupan cargos públicos tienen la función especializada de ejercer el poder delegado por los ciudadanos. Su forma de agregar valor a la vida en sociedad, es obligarse a estar más informados que el ciudadano común sobre los asuntos bajo su competencia, a tener una visión más amplia, profunda y previsora . Ese es su gran aporte. En una democracia participativa, se podría aspirar a que ciertos asuntos fueran sometidos a consulta a los ciudadanos mediante instituciones como el plebiscito o el referendum, pero obviamente, sería muy costoso para los ciudadanos, decidir sobre todos los asuntos y participar en la ejecución de todos. Es más económico dejarle esta tarea a los especialistas.

La participación exige, en la empresa y en los países, al menos adquirir información y formar criterios. Si no se sabe quienes son los clientes potenciales, o si no se sabe cuántos ancianos habrá en el año 2020, es un abuso pretender participar en asuntos de mercadeo en la empresa o en asuntos de política demográfica en el país. Si no se tienen claros los criterios sobre si conviene expandirse o concentrarse, en el caso de la empresa o sobre lo que significa calidad de vida para un anciano, no podríamos aportar algo valioso al participar en la búsqueda de soluciones a dichos desafíos.

La obtención de información demanda esfuerzo y tiempo . La formación de criterios demanda también esfuerzo y tiempo y además madurez de juicio.

Si hemos de hacer un viaje en avión, y estamos interesados en nuestra seguridad, basta con seleccionar adecuadamente la línea aérea, lo cual requiere de una información y de unos criterios. Una vez hecha esta elección, no tenemos que preguntar al abordar si el avión tuvo el mantenimiento adecuado ni que ir preguntando cada media hora cuánto combustible queda en los depósitos. El gran valor de la función de liderazgo en una empresa y en un país, es que si la selección ha sido buena, colaboradores y habitantes pueden evitar los costos de obtener información y de formar criterios para cuanto asunto sea de interés para la empresa o el país, y puedan dedicar esos esfuerzos a actividades más productivas o que les produzcan mayor felicidad.

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