!Qué absurdo¡

Publicado en La Nación el 31 julio, 2000
Categoría: Artículos
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Si a alguien le duele la cabeza e ignora la existencia del sistema digestivo y del sistema circulatorio, le parecerá absurdo que le receten tomar una aspirina, y en cambio le parecería lógico que le mandaran a ponerse una compresa. Cuando un reloj mecánico se detenía, lo movíamos para que arrancara de nuevo. Hoy hay personas que golpean la computadora cuando se traba. Lógico o absurdo son categorías que dependen de cómo creamos que es el sistema en el cual nos estamos moviendo.

Cuando estamos resolviendo problemas, el permiso para decir cosas absurdas abre la puerta a ideas que pueden ser creativas y útiles. Leemos en un libro de pensamiento creativo que una empresa tiene un centro de telemercadeo, desde el cual se hacen llamadas a los clientes para gestionar ventas, para darle seguimiento a ventas anteriores, para recibir información sobre necesidades futuras, para hacer sondeos sobre nuevos productos. A gran costo entrenan a un grupo de personas quienes llegan a ser tan eficientes que pronto los competidores empiezan a poner los ojos en ellas. Luego vienen las ofertas y luego las renuncias. Los ejecutivos de la empresa empeñados en la solución del problema, barajan una idea tras otra: subirles el ingreso, hacerlas firmar un contrato, prometerles premios por antigüedad, todas las cuales tenían algún inconveniente. Hasta que alguien exclama “Cómo me gustaría cortarles las piernas para que no se fueran con la competencia”. Normalmente una idea como esta provoca exclamaciones conocidas: ¡Esta idea es absurda!, ¡Seamos lógicos!, ¡Pongámonos serios ! . Pero en el grupo del cuento, se acepta la idea de la mutilación con serenidad, se la recibe como materia prima para seguir pensando. Y entonces alguien dice: ¡Aguarden! ¡Puedo mejorar esa idea ! ¡Contratemos al personal de telemercadeo, de una vez con las piernas cortadas !

En estos tiempos cuando hablamos de programas amistosos, nos referimos a programas de cómputo que sean fáciles de utilizar, que detecten sus propios errores, que nos vayan ayudando a no equivocarnos. Pero todavía no hemos encontrado el helado de paleta amistoso. Los padres van a los parques, los niños ven al heladero, y entonces empieza el drama. Podría producirse un helado que se derritiera más lentamente de lo que el niño come. O un helado con un recipiente en su base y que fuera recogiendo lo que se va derritiendo. O el heladero podría proveer de un amplio delantal al padre que perdió el pleito y que tiene que comprar la paleta. ¿Lógico? ¿Absurdo?

Russell Ackoff en sus tiempos de investigador de operaciones fue llamado por la ciudad de México para que hiciera recomendaciones sobre ensanchamientos, puentes, túneles para resolver el problema de tránsito de la ciudad. Después de mucho pensamiento salió con la recomendación de que por más infraestructura que hubiera, siempre habría problemas de circulación y que la solución óptima, la que podría resultar vigente durante más tiempo, era construir automóviles angostos, de dos asientos, uno adelante y otro atrás, en vista de que el noventa y tanto por ciento de los autos circulan con uno o dos pasajeros.

La próxima vez que querramos silenciar a alguien diciéndole que no es lógico lo que dice recordemos que hay soluciones valiosas detrás de las ideas absurdas, como lo comprobaron los ejecutivos de la empresa a la que le sonsacaban su personal de telemercadeo, una vez que contrataron personas con problemas de locomoción e hicieron inversiones para adecuar sus instalaciones físicas y de esta manera desalentaron a sus competidores.

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