Auto-Aprendizaje

Publicado en La Nación el 24 julio, 2000
Categoría: Aprendizaje
Etiquetas: , , , , , ,

Se dice que el mejor camino para una persona que quiere mejorar el liderazgo, es aprender de sí misma. La esencia del liderazgo es la virtud de entusiasmar a otros a participar en la concreción de una idea, virtud que necesitan tanto los líderes de movimientos nacionales o los grandes conductores de empresas, como los jefes que conducen a sus colaboradores y los maestros que guían por el camino del saber a grupos de estudiantes en la etapa de máxima energía y mínima sensatez . También es importante para la persona aprender de sí misma, aun cuando no se tenga la responsabilidad de conducir a otros, sino sólo la del puesto individual que se ocupa. Un puesto no es una casilla en el organigrama ni una página en la descripción de puestos, sino que es una realidad dinámica que quien lo ocupa puede profundizar, ensanchar, abrillantar, fecundar.

En los libros y en los manuales se pueden dar recomendaciones generales sobre como ejercer la jefatura, sobre cuáles son los rasgos de tal o cual líder o sobre cómo desempeñar un puesto específico. Pero esas recomendaciones no pueden penetrar en las circunstancias reales y concretas en las cuales se desenvuelve la acción . Por eso es que aprender de la situación específica en la cual se está envuelto, es un instrumento insustituible para mejorar el desempeño.

En el método científico, la observación es el primer paso hacia el conocimiento. Esa observación toma el carácter de auto-reflexión cuando la persona quiere aprender de sí misma. Se trata de observar lo que está ocurriendo, de registrar los hechos, de describir todas las circunstancias. Si dimos una instrucción y se la ejecutó de manera distinta, no hay que precipitarse a la acusación de que fulanito es un descuidado. Preguntémonos cuán compleja era, cuán infrecuente, con qué prisa o reposo la dimos, en cuál lugar, con cuáles palabras . Luego pasaríamos al auto-análisis y nos preguntaríamos entre otras cosas , si supusimos lo que no debíamos suponer, si sobrevaloramos la capacidad de la persona a quien le hicimos el encargo, si bloqueamos las posibles preguntas que hubiera querido hacernos, si la intimidamos con la forma en que le hablamos,

Para poder realizar esa auto-reflexión y ese auto-análisis, tenemos que ser realistas. Si solemos contarnos historias en las cuales siempre tenemos la razón, siempre el problema son los demás, siempre sobra jefe pero los colaboradores son malísismos, entonces no tendremos disposición a examinar con sosiego todas las circunstancias y no aprenderemos porque estamos partiendo de que sabemos . Y para aprender se necesita aceptar que no se sabe . Se necesita humildad. Humildad que no es auto-menosprecio, ni pose, ni ocultamiento de las fortalezas . Humildad que es realismo y apertura a la verdad, aunque nos incomode.

La información que nos dan los demás sobre cómo nos ven es una fuente de aprendizaje. Cada uno de nosotros tiene una imagen de cómo se relaciona con los demás. Pero los demás son los que nos ven – o nos sufren – cuando nos relacionamos con ellos. La apertura a esa información, el recurrir a ella son prácticas valiosas de todos los que trabajan con otros. Hay que solicitarla a colaboradores, a compañeros del mismo nivel, a jefes . Y recibirla con humildad. Si nos defendemos como si estuviéramos en un juicio, la información no penetra y quienes de buena fe nos la ofrecen no nos la volverán a dar.

Pasado el socollón de escuchar lo que nos causa malestar, tenemos que aceptar internamente lo que nos han dicho. Si seguimos rechazando, negando, defendiéndonos, no aprenderemos. Pero no basta con aceptar. No es sino cuando convertimos esa información en propósitos de acción cuando se puede decir que hemos aprendido.

Deje una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *