Trabajadores

Publicado en La Nación el 17 julio, 2000
Categoría: Artículos
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La palabra “jefe” tiene carga positiva. Aquéllos a quienes designa son distinguidos del resto por su responsabilidad, su autoridad, su significado organizacional y sin duda por su remuneración. Tan distinguida es, que muchas personas que quieren en un instante ganar cercanía con la persona de la que quieren lograr un favor, una compra, una limosna, la utilizan intensamente: “jefe, una ayudita para la asociación tal”, o “jefe, diez lápices por cien colones” . La otra parte de la relación que la palabra “jefe” implica, esa sí que es complicada . Algunos hablan de sus subalternos, lo cual literalmente denomina a los otros que están por debajo. Siempre fuerte pero menos que la anterior, es la expresión “subordinados”, que son los que están ordenados por debajo, expresión que coincide con la versión de la estructura organizacional jerárquica, burocrática . Aún el término empleado establece una distancia indeseable con respecto a quienes los conducen.

En el ámbito del hogar se habla de la muchacha, lo cual es un eufemismo para denominar a la empleada doméstica. Pero el término es ambiguo porque en la casa puede haber otras muchachas – las hijas – que no pegan ni golpe. Posiblemente nadie hable de la sirvienta, porque el término es horroroso ya que se ve atraído más por su pariente el siervo que por su otro pariente el servicio. Sirviente, servil, servidumbre nos llevan muy pronto a las cercanías del concepto de esclavitud. Sería posible que la pretensión y las novelas nos llevaran a hablar de criadas, denominación que no se utiliza en este país aunque sí en otros vecinos: una chica pequeña que es criada por la familia para que vaya ayudando en algunos quehaceres y finalmente llega a ser la empleada doméstica, sólo que sin salario mínimo y sin otros derechos laborales, a cambio de la crianza .

Existe la distinción entre quienes trabajan con las manos , a quienes se denomina obreros u operarios y quienes trabajan con destrezas más intelectuales, a quienes se denomina empleados. En algunas empresas todavía se distingue entre sueldos y salarios, los salarios como remuneración correspondiente a los obreros u operarios y los sueldos, para empleados. El Banco Popular, hace tiempo lanzó una campaña cuyo propósito seguramente era legitimar la palabra trabajador para denominar a unos y a otros . Aparecía un trabajador manual y un trabajador no manual y éste decía “yo soy un trabajador igual a Ud.” , posiblemente porque se quería ubicar al banco como el banco de los trabajadores e imagino que porque se había constatado que la expresión trabajador está más relacionada con trabajo manual.

En la empresa industrial estadounidense se distingue entre esas categorías con la denominación de trabajadores de cuello azul para quienes trabajan en actividades más manuales y trabajadores de cuello blanco para quienes trabajan con información o con relaciones. En la administración pública se habla de servidores, porque así los denomina el Estatuto de Servicio Civil. También se les denomina funcionarios, término que a veces se utiliza peyorativamente para señalar la falta de diligencia, de puntualidad, de logros, de responsabilidad.

En la empresa que emerge, donde la tecnología y el conocimiento son un factor de producción más utilizados que el músculo y la fuerza mecánica, la subordinación a la que aluden las jerarquías, cederá paso a las relaciones simétricas que ocurren en un equipo. Esto hace necesario un nuevo vocablo Se puede hablar entonces de compañero o de colega, concepto que es más utilizado entre profesionales. Podríamos hablar también de cooperadores – quienes operan juntos – , o de colaboradores – los que laboran juntos – término que adopté hace muchos años y que veo se va abriendo camino y cuyo ribete principal me parece ser el de que constituye una exhortación a arrimar el hombro y no a acatar un mandato.

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