Mejor no meneallo

Publicado en La Nación el 12 junio, 2000
Categoría: Cambio
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No se de donde procede la expresión, pero su significado es que ciertos temas mejor no tocarlos. En las empresas, contrariamente al título del libro “Si no está roto, rómpalo”, hay cosas que lo más prudente es no tocarlas.

Las empresas exitosas, lo son gracias a ciertos rasgos, prácticas o políticas. Tienen además otros rasgos, prácticas y políticas que son útiles pero que no son esenciales al éxito. ¿Para qué vamos a toquetear los elementos que han hecho exitosa a una empresa ? Las cosas no ocurren por casualidad sino que son el producto de prácticas que se han venido sedimentando con el tiempo. Y la empresa que tiene diez, veinte o cincuenta años de existencia, no ha llegado hasta ahí por casualidad. En estos tiempos de cambio, conviene estar alerta tanto con respecto a la resistencia que se opone a todo lo nuevo, como con respecto a la actitud de aplanadora que supone que todo debe ser arrasado.

Los norteamericanos tienen un dicho en el sentido de que hay que tener cuidado de no tirar al niño junto con el agua sucia de la bañera. La evolución es un método para ir seleccionando los rasgos que mejor se adaptan a las condiciones en las que vive una determinada especie . El cambio efectivo debe ir buscando esa mejor adaptación .

Uno de los arzobispos de San José, tenía como divisa la frase latina “Nova et vetera ” : lo nuevo y lo antiguo. Lo nuevo sin menospreciar lo antiguo. Lo bueno nuevo y lo bueno antiguo. El medio exige a las personas cambiar. Deben cambiar su manera de aprender. Su responsabilidad en el trabajo. Su diligencia. Su capacidad para trabajar en equipo. Pero eso no quiere decir que tengamos que deshacernos de nuestras otras características personales básicas, para convertirnos en singapurenses. Podemos ser tan productivos como ellos, sin deshacernos de los rasgos que, sin tener relación con la productividad, nos dan felicidad.

Claro que a veces hay que cambiar una empresa radicalmente. Y en esto quienes impulsan el proceso tienen que ser valientes. No había nada que conservar en las empresas que producían máquinas de escribir. Ni se puede conservar nada de la fábrica de sombreros. ¿Se podrá conservar algo de las librerías, de las tiendas de muebles y de las salas de exhibición de automóviles nuevos, cuando estos negocios se están transformando drásticamente debido al “comercio electrónico” ?

Un precepto muy antiguo del ejercicio de la medicina es el que se formula como “lo primero es no hacer daño” . En todo proceso de cambio deberíamos tener ese precepto a la vista. Remodelar una vivienda no es entrarle con un bulldozer y luego ver si la podemos hacer de nuevo. Es más bien ir viendo qué es lo menos que se necesita cambiar para atender las nuevas necesidades. Luego hay que ser muy cuidadoso al decidir qué es lo que se conserva, especialmente lo esencial que debe ser conservado, por ejemplo los elementos estructurales de la construcción que se desea cambiar . Un buen cirujano, logra sus objetivos con el menor traumatismo y hasta tiene la “gracia” de hacer coincidir las heridas quirúrgicas con la forma en que está estructurada la piel, para dejar la cicatriz menos visible. “Aquí nada sirve”, “tenemos que empezar de cero”, “no empecemos con remiendos” son frases rotundistas que a lo que llevan es a que los cultores del cambio por el cambio hagan su agosto.

Las personas que impulsan el cambio en las empresas, son necesarias. Pero también lo son las portadoras de la experiencia, de la visión, de los enfoques que la han llevado a lo que es hoy. Los procesos de cambio además de ser efectivos deberían ser elegantes. Y la elegancia en este caso consiste en reconocer lo valioso que se ha logrado y reconocer el mérito de quienes lo han logrado.

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