Entre amigos

Publicado en La Nación el 8 mayo, 2000
Categoría: Artículos
Etiquetas: , , ,

Algunos jefes tienen la creencia, tal vez justificada, de que si los colaboradores son muy amigos entre sí, eso podría dar lugar a una atmósfera de trabajo poco disciplinada, donde ocurriría mucha conversación personal y eventualmente algún brote de jolgorio.

Otros en cambio consideran que el intercambio de apoyo entre amigos beneficia al trabajo del grupo y que el disfrute de la amistad se convierte en un aliciente para los colaboradores. Sin embargo, ambas posiciones estaban sustentadas solamente en opiniones . Hace un par de años, dos investigadores -Karen Jehn de la U. de Pennsylvania y Pri Pradham Shah de la U. de Minessota- condujeron varios experimentos para determinar el efecto que produce la amistad entre los miembros de un grupo y su productividad. El resultado que obtuviero, pudo haber sido adivinado por muchos: los grupos de trabajo entre cuyos miembros existen lazos de amistad, resultan más productivos que otros en los cuales los miembros son simplemente compañeros de trabajo.

Lo que no era fácil de adivinar es la razón por la cual los grupos de amigos resultan más productivos. Al profundizar su investigación los investigadores encontraron la siguiente razón: entre los trabajadores que tienen lazos de amistad, existe confianza suficiente como para señalar lo que parece que no conducirá a buenos resultados, o sea que como buenos amigos, los miembros del grupo no se andan por las ramas para mostrar sus dudas o sus cuestiones en cuanto a las propuestas y acciones de sus colegas.

Esto lleva a deducir que en aquellos grupos en los cuales se vive un ambiente de mucha cautela entre los miembros, en los que nadie “se mete” con los demás, la productividad baja porque con frecuencia se llega a malos resultados que ya habían sido previstos por alguien que no quiso “comprarse el pleito” de decirle a su colega que no estaba de acuerdo y que prefirió la comodidad del silencio.

En las empresas no sabemos cómo se hace para encender la chispa de la amistad, pero sí se podrían tomar medidas para que se fuera practicando este intercambio de información abierta, transparente, bien intencionada, según la cual cuando alguien siente duda de la efectividad de algo que se está haciendo, lo diga con naturalidad. Se podría por ejemplo convenir que forma parte de la responsabilidad de cada uno dar su opinión sobre las propuestas o las acciones de otros. Con esto se estaría sustituyendo con una norma explícita la norma implícita que opera en muchos grupos y que hace que sus miembros se rijan por ideas como la de que “en boca cerrada no entra mosca”, o que mejor “machete estate en tu vaina” . Entre personas muy individualistas, el cambio será difícil, pero vale la pena intentarlo y reforzarlo para obtener los buenos resultados que se esperan de él.

De igual manera se haría un gran beneficio a quienes ocupan posiciones de jefatura, si sus colaboradores fueran convencidos de que dejar meter la pata el jefe, por más autoritario que sea, es una falta de responsabilidad. Una de las características de las posiciones de jefatura son las suposiciones que los colaboradores hacen sobre el jefe, pensando que por su posición tiene unas destrezas, una información y una visión extraordinarias. Los jefes se beneficiarían si consiguieran desmontar esas suposiciones y difundieran entre su personal que ser un buen miembro de un grupo de trabajo, demanda que a veces se abandone la tranquilidad del silencio y del estar dedicado a lo de cada uno, para contribuir con advertencias, con opiniones y hasta con corazonadas, a mejorar el trabajo de todo el grupo.

Deje una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *