Mantenimiento

Publicado en La Nación el 24 abril, 2000
Categoría: Política
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En las empresas se llama mantenimiento a todas las acciones que se realizan para que los equipos y los edificios se mantengan en buen estado de funcionamiento. En los hogares, cuando se aproxima la temporada de lluvias, se revisan los techos, las canoas y los desagües para evitar que con los primeros aguaceros se nos inunde la casa. En las empresas, periódicamente se detienen los equipos para cambiarles piezas gastadas, lubricarlos y ajustarlos. Si eso no se hace, la vida útil de los equipos se reduce y su rendimiento se va reduciendo. De igual manera las personas necesitan un cierto tipo de mantenimiento. Es lo que hacemos mediante la gimnasia, mediante los cuidados médicos, mediante el mejoramiento de la dieta, mediante las formas de lidiar con el estrés. O cuando asistimos a un programa de entrenamiento para mejorar la forma como hacemos las cosas.

Cuando observamos este país, sentimos que posiblemente hemos descuidado su mantenimiento, puesto que como sistema, suena mal por aquí y por allá. Sabemos poco de cómo se remienda un país, pero tal vez nos sirva saber cómo se remienda un grupo de trabajo.

En un grupo de trabajo, el ambiente en el cual florece la cooperación, el empeño conjunto, la visión compartida, es la confianza. La confianza da lugar a una comunicación transparente, que va iluminando todos los rincones de las fronteras de contacto entre los miembros del grupo, de manera que no queden penumbras que den lugar a la suspicacia. La confianza en el grupo permite a todos sentir que se vive en un ambiente de “cuentas claras”. La comunicación transparente, fluida, también permite que todos los miembros del grupo puedan señalar en el momento en que así lo consideren, su desacuerdo con el rumbo que va tomando el grupo. Eso permite la detección temprana de desviaciones en el rumbo o de malestares en sus miembros. En cambio si la opinión es difícil de emitir o si se la emite pero no ocurre nada, los miembros del grupo pierden su capacidad de reorientarlo. La comunicación efectiva, a la vez que es una consecuencia de la confianza, va consolidándola y desarrollándola.

Otro elemento fundamental de un buen grupo es el tener una visión compartida. No se pueden hacer con entusiasmo y con efectividad las tareas en el grupo si no se tiene entusiasmo con los objetivos hacia los cuales se dirige el grupo. Parte de la función de mantenimiento es hacer altos en el camino para reavivar los ideales por los cuales trabaja el grupo. Cuando el grupo se hace grande o cuando la brega diaria va produciendo la fatiga de combate, es conveniente detenerse y volver a revisar entre todos por qué vale la pena lo que estamos haciendo. En un país, es un grave trastorno pensar que quienes tienen la obligación de velar por su vitalidad son únicamente los líderes y que los demás podemos dormitar como si fuéramos en un autobús en un viaje muy aburrido. Por eso es importante encontrar caminos para abrir la participación de los habitantes. Votar cada cuatro años no es participar. Decirle que sí a lo que dicen los de nuestro partido y que no a lo que dicen los del otro tampoco es participar.

En las empresas, cuando se desea revisar la visión o el desempeño, se recurre a una “encerrona”: nos vamos por ahí, lejos de la rutina, a reflexionar. Lo mismo ocurre cuando se desea lograr una revitalización espiritual: se hace un retiro o unos ejercicios espirituales. ¿No será necesario que como parte de los cuidados de mantenimiento de un país, recurriéramos a actividades semejantes? ¿No sería una forma novedosa de conmemorar, por ejemplo la independencia, la realización de unas jornadas de reflexión, bien planeadas, bien participativas, que nos condujeran, a partir de la valoración de lo que sirve y de la necesidad de cambiar lo que no sirve, a una renovación de la forma como dirigentes y dirigidos estamos desempeñando nuestro papel?

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