Aceptar las recaídas

Publicado en La Nación el 14 febrero, 2000
Categoría: Artículos
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Dicen quienes escriben de estos temas que un buen líder tiene que predicar con el ejemplo. Que tienen más carácter de líderes aquellas personas que dicen “Síganme en lo que estoy haciendo” que quienes dicen “Vayan hagan”. Eso es ampliamente aceptado. Pero también hay una sutileza que conviene distinguir. También se puede ejercer el liderazgo cuando se señala lo deseable aunque no se lo practique. Cuando una persona que ejerce la jefatura nos dice que se siente responsable por el desarrollo de los demás, en esa afirmación hay varias dimensiones: podría quererlo así, sentirlo así y además obrar en consecuencia. Una actitud tiene tres componentes: uno cognitivo, el cual consiste en saber o reconocer algo como bueno (ser veraz es bueno); otro afectivo, el cual consiste en adherir la voluntad a lo que se reconoce como bueno (quiero ser veraz); y otro conductual, el cual consiste en traducir los anteriores componentes en acciones (siempre digo la verdad).

Reconocer algo como bueno, tener la voluntad dispuesta en esa dirección y practicarlo, sería un acto completo de liderazgo. Tener los dos primeros elementos y no el tercero, es un acto incompleto de liderazgo, pero constructivo al fin. Y no se trata de la forma cínica de “hagan lo que digo y no lo que hago”, sino de “hagan lo que digo y que por el momento no logro hacer siempre o no logro hacer a perfección”. La diferencia entre ambas frases es que en la primera sólo comprometo el conocimiento. En la segunda, reconozco que mejorar es difícil, y que el camino está lleno de progresos y retrocesos.

Sobre un valor se puede solamente predicar, se puede tener un comportamiento ejemplar o se puede mostrar un comportamiento de búsqueda razonable. El comportamiento de búsqueda razonable difiere del comportamiento ejemplar en que éste implica que todas las acciones de alguien pueden ser imitadas porque son correctas. El de búsqueda razonable parte del hecho de que vivir de acuerdo con un valor resulta difícil en vista de nuestras debilidades, pero que lo importante es mantener la mira puesta en el valor y no accionar deliberadamente contra él. Cuando hay la convicción de que una persona trata de encaminarse hacia el ideal, aunque a veces no lo logra, ese comportamiento es aceptable. Constituye una idealización del ser humano el esperar que nuestro comportamiento sea coherente con nuestros ideales en todo momento. Esta idealización socava muchos esfuerzos de cambio, porque a la primera recaída del jefe, o de alguno de los que mostraron entusiasmo sobre un cambio específico, los demás se miran entre sí y lanzan frases descorazonadoras tales como “Idiay…; no habíamos quedado en que íbamos a cambiar tal o cual comportamiento”. Esto desconoce que todo esfuerzo de cambio, todo esfuerzo de mejoramiento, personal o grupal, tiene que estar rodeado en las empresas o en las personas, de una disposición a aceptar las recaídas en el viejo comportamiento. Creo que ese elemento de aceptación en los grupos de alcohólicos anónimos, es un elemento que favorece el cambio.

Es constructivo reconocer y difundir un valor útil para la empresa o para el grupo, aunque de momento no se lo logre traducir en acciones. Eso, parafraseando algo que leí en alguna parte, es rendirle un homenaje al bien, que es lo que ocurre cuando los malos se hacen pasar por buenos. Lo contrario es destructivo -cuando los buenos se hacen pasar por malos- lo cual ocurre cuando nos desvinculamos de lo deseable por considerar que es difícil de lograr, o cuando la presión de grupo hace que lo deseable sea considerado ridículo, como ocurre a los estudiantes que consideran de buen tono el negar que estudian o se esfuerzan mucho, o cuando renunciamos a la excelencia porque eso es algo que se queda para los japoneses.

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