Enfoque de sistemas

Publicado en La Nación el 24 enero, 2000
Categoría: Artículos
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Cuando oímos hablar de sistemas, pensamos e sistemas de información, que son los que han puesto en uso intenso el término. Pero mucho antes de que existieran las computadoras, el término se utilizó para designar entidades en las cuales una característica es la interrelación. En la escuela se nos hablaba del sistema nervioso y con el mismo sentido aunque no la misma denominación, se mencionaba el aparato digestivo. En ambos casos se trata de sistemas. ¿Quién digiere? ¿La boca, el estómago, los intestinos? Como en Fuenteovejuna, la respuesta es, todos a una. Un sistema es un conjunto de elementos que actúan conjuntamente para producir un resultado o alcanzar u objetivo. Tenemos una constatación muy concreta de las interrelaciones entre los elementos de un sistema, cuando confundimos un automóvil con un 4×4 y lo llevamos por un camino de tierra.En un determinado momento nos damos cuenta de que un automóvil sin una superficie adecuada para que ruede, no es automóvil. Ni siquiera móvil. La ecología también nos tiene bien educados en cuanto a las consecuencias de contaminar un río, el cual pierde su flora, de la cual viven los peces.

El enfoque de sistemas es valiosísimo. Básicamente de lo que trata es de que nos preguntemos siempre, qué depende de qué, qué más variables entran en el asunto, cómo se afecta qué, si hacemos o dejamos de hacer tal cosa. Y esto es útil para nuestro discurrir normal por el mundo. No solo para quienes están en el Pentágono o en el Ministerio del Ambiente. De hecho, el buen pensar, la sindéresis, el pensamiento crítico, van por ahí.

Dice De Melo que un hombre tenía un tornillo en el ombligo, el cual le causaba gran sufrimiento, no porque le doliera, que era un tornillo orgánicamente asimilado, sino por la rareza que implicaba y por la atención morbosa que despertaba cada vez que se lo veían. Oraba continuamente para ser librado de ese tornillo y un día ocurrió el milagro. Un ángel vino a cumplir su pedido. Mas sucedió que al eliminarle el tornillo, se le cayó el trasero.

Un atornillador es un gran instrumento, pero antes de utilizarlo deberíamos preguntarnos por las consecuencias de lo que vamos a hacer. En algunas empresas se emprenden cambios a troche y moche, con la superficialidad de quien siente que cualquier tornillo puede ser manipulado. La forma como se hacen las cosas en las empresas, y la forma como se comportan las sociedades, no es el resultado de la improvisación. Es más bien el resultado de pruebas y errores que han dado resultados adaptativos, esto es, exitosos para lo que la empresa o la sociedad quieren. Es necesario ver con profundidad qué es lo que está sosteniendo el tornillo que queremos apretar o aflojar. Es prudente preguntarse cuál es la racionalidad de las prácticas en uso, no sea que queriendo tirar el agua sucia de la bañera, arrojemos con ella al niño que está en ella.

El pensamiento lineal cortoplacista nos lleva a pensar que es negativo que un fusible se funda, o a suprimirle los mecanismos de seguridad a un equipo, para no perder tiempo entre el encendido y la operación. Lleva también a pensar que lo indeseable son los síntomas, o que las soluciones se encuentran ahí donde aparece el resultado negativo. En los libros elementales de economía se caricaturizan las decisiones públicas que pretenden hacer la leche más accesible a los consumidores, bajándole el precio, ignorando que cuando tal se hace se reduce la producción y se la hace más inaccesible. Quizá pensando en esa forma y puesto que para un peatón es más seguro caminar que correr y porque las alturas implican riesgo, la madre del piloto novel le aconsejaba a su hijo que volara bajito y despacito.

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