Tempus fugit

Publicado en La Nación el 27 diciembre, 1999
Categoría: Eficacia
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Somos mientras estamos en el tiempo. No podemos salirnos parcialmente del tiempo. Cuando nos salimos es de manera definitiva.Nos deja un avión.Se acaba el tiempo asignado para un examen. Se vence el pago de la deuda. Somos más conscientes del paso del tiempo en estas circunstancias que en nuestro vivir habitual.

Cuando viajamos, fluyen ante nosotros tanto el espacio como el tiempo. Cuando nos detenemos en un lugar, deja de fluir el espacio pero sigue fluyendo el tiempo. Cuando decimos“aquí”, hablamos de un lugary sólo uno. Cuando decimos“ahora”,hablamos de este momento, el cual no es el mismo que el anterior ni que el próximo.“Aquí” denota un lugar distinto cada vez. “Ahora” nos parece que denota siempre el mismo momento, este presente que en aparienciase alarga indefinidamente al ir recorriendo nuestro camino.

Toda acción humana – en la conducción de los países, de las empresas o de las vidas personales-se realiza en el tiempo. El tiempo es uno de los elementos indispensables para la acción. El otro es la energía . Lo que hacemos con el tiempo o visto a través de un símil, de qué vamos llenando el tiempo, va produciendo nuestros logros y determinanuestra eficacia y nuestro desempeño.

Pasa el tiempo en unidades homogéneas, por ejemplo entre el amanecer y el atardecer, en doce unidades iguales o entre el inicio de un verano y el fin de la próxima estación lluviosa, en trescientas sesenta y cinco unidades de la misma duración . No ocurre lo mismo con el espacio. Cien kilómetros transcurren por la ventanilla de un vehículo en un camino vecinal, cada dos horas. Y por la ventanilla del “tren bala” cada media hora.

Transcurre el tiempo en unidades infinitesimales, ninguna de las cuales es de notorio valor pero todas juntas forman nuestra vida . No nos importa perder diez minutos. Los perdemos haciendo fila para pagar un peaje, esperando a quien nos dio la cita o a que el mesero traiga nuestra ordeno tratando de conseguir por teléfono a alguna persona . En nuestro día hay 144 porciones de diez minutos. Y cuando cumplimos 38 años hemos vivido dos millones de porciones de esa duración . No sentimos entonces pena por los diez minutos perdidos a pesar de que lo que podemos controlar son esas porciones y no los meses o los años. Nuestra vida la medimos en años, pero la vivimos en porciones de diez minutos. Por eso posponemos la acción, por eso dilapidamos el tiempo, aunque a poco que lo pensemos nos damos cuenta de que un día la unidad de tiempo será de altísimo valor: ¿A qué querríamos dedicar el último día de nuestra vida ?

“Vivir no es durar. Prefiero una pieza de los Beatles que una sinfonía “ . Lo dijo Mafalda hace tiempo. Las experiencias “pico” de las que habla Maslow, no consisten en meses en que alguien se pasa en un estado de armonía intenso. Se trata de esos momentos de sintonía entre mi yo interno y el universo, los cuales pueden durar segundos: ese deleite ante la belleza, esa sensación de que somos almas gemelas con aquélla que en ese momento tenemos delante, esa contemplación del destello de verdad que presencia el científico en un determinado momento de sutrabajo, o esa claridad con la que entendemos de pronto nuestro vínculo con lo trascendente.

Un día nuestro tiempo se acabará, como se acaba este siglo. Podemos almacenar energía, podemos guardar dinero, podemos economizar electricidad o combustible, pero el tiempo se va irremediablemente sin que podamos hacer nada para evitarlo. Todo lo que podemos hacer es utilizarlo en acciones o pasiones que valgan la pena .

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