Navidad y condicionamiento

Publicado en La Nación el 20 diciembre, 1999
Categoría: Artículos
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Pavlov fue un fisiólogo ruso que estudió algunas funciones cerebrales, por cuyo trabajo obtuvo el Premio Nobel a principios de este siglo. A él se le asocia con el fenómeno del condicionamiento clásico. Recordemos el fenómeno. Si a un perro hambriento se le presenta un pedazo de carne, sus glándulas salivales se ponen en funcionamiento en preparación del acto de comer. Para decirlo en términos llanos, se le hace la boca agua. Pavlov realizó experimentos según los cuales al perro se le presentaba la carne acompañada de un toque de campana, y de nuevo las glándulas salivales hacían su tarea. Pero lo singular de los experimentos consistió en que después de haber logrado establecer en el cerebro del animal la asociación entre carne y toque de campana, se podría conseguir que los perros produjeran abundante saliva sin la presencia de la carne, con solo que se tocara la campana.

Robbins, en su libro de texto sobre comportamiento organizacional, cuando habla del condicionamiento clásico da dos ejemplos. Uno de ellos se refiere a la sucursal de una empresa en la cual se recibía de tiempo en tiempo la visita de altos personeros de la casa matriz.Cuando eso iba a ocurrir se realizaba una cuidadosa limpieza de ventanas y se instruía al personal sobre la importancia de tener los puestos de trabajo muy ordenados, sin desechos, con las herramientas y útiles en su lugar, con las materias primas en la cantidad y en la ubicación correctas para causar una buena impresión a los visitantes. Andando el tiempo alguien descubrió que bastaba con empezar a limpiar las ventanas para que los trabajadores pusieran más orden en sus puestos de trabajo y en su presentación personal, aunque no se anunciara la visita de los personeros de la oficina central.

Esa característica de la naturaleza animal, la cual los humanos compartimos, permite que se nos condicione, de maneras tan sencillas como mediante el condicionamiento clásico, o de maneras más complejas, como cuando se conduce a los reclutas de un ejército a desprenderse del mundo exterior y a entregarle todo el control de sus vidas al sargento que conducirá esos primeros pasos del muchacho en el ejército.

El otro ejemplo que cita Robbins como un caso de condicionamiento operante, son los villancicos navideños los cuales frecuentemente estimulan recuerdos agradables de la niñez y producen euforia y sentimientos agradables. Por eso está este tema hoy aquí. Porque es notorio que el comportamiento de esta época es muy singular. Posiblemente las celebraciones primitivas de la Navidad tenían un alto contenido religioso. Posiblemente los regalos empezaron siendo una manera de objetivar el amor predicado por Jesús. El regalo era entonces un símbolo; una muestra de afecto. El villancico, entonces, recordaba el sentido de hacer ese regalo.

Hoy el villancico quizá recuerde ese contenido primitivo, pero también se utiliza para sensibilizar al marchante y para ayudarlo a alivianarse de su aguinaldo en un frenesí de compras que no se puede describir mejor que con la palabra “compradera” .Los regalos y la comilona han pasado al primer plano y ya – como los trabajadores de la fábrica de Robbins – ni recordamos quela Navidad era la conmemoración de una visita .

¿ Y eso, es bueno o es malo ? ¡ Pregunta incorrecta ! Lo importante es hacernos más conscientes de los condicionamientosporque eso nos lleva a tener mayor libertad individual de manera que pudiéramos acercarnos a la celebración de una fecha, que independientemente de la posición religiosa que tengamos, es una fecha trascendente, la cual deberíamos tener la opción de conmemorar un poco más como cada uno quiera y no según lo condicionen los genios mercadotécnicos del momento.

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