Espacios y silencios

Publicado en La Nación el 13 diciembre, 1999
Categoría: Artículos
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Hace poco tiempo asistí a una charla sobre el silencio. La expositora pidió, con muy buen juicio, que como íbamos a estar reflexionando sobre el silencio, convendría que iniciáramos la actividad practicándolo. Hace muchos años un estudiante trajo a una de mis clases una frase que se me quedó para siempre: no hay música sin pausa . La música no es una sucesión de notas. Es una bella alternancia de notas y silencios.

Esta semana en una actividad sobre desarrollo del trabajo en equipo, al indagar sobre la eficacia de uno de los equipos, un participante señaló como una buena prácticade los miembros de su equipo el haberse dejado espacio mutuamente, en un ejercicio de respeto al ritmo de los demás y de valoración del tiempo de todos .Así, sin prisa, sin atropellarse, sin temor de “quedarse por fuera”, habían podido resolver un problema antes que los otros equipos. Recordé entonces lo del silencio y la música y me pareció que conviene revisar algunos paradigmas muy establecidos, como por ejemplo el de que un buen participante de un equipo debe hacer uso de la palabra con frecuencia. En algunos programas de formación de gerentes se valora positivamente el número de intervenciones, lo cual favorece a quienestienen facilidad de palabra y pospone a quienes por diversas razones , no la tienen tanta. Sin embargo, existen posibles participaciones que se pueden hacer desde un comportamiento silencioso. Por ejemplo, el lenguaje verbal de quien está en silencio puede animar a quienes son capaces de aportar contribuciones útiles. Quien está en silencio puede convertirse en conciliador o en elemento de balance de dos subgrupos en pugna .

Decía la expositora de la charla , que el silencio es equivalente a los espacios vacíos de las pinturas. Están ahí precisamente para dar sentido a la figura. Sin fondo no hay figura. Sin figura, no hay pintura. Sólo vacío. De manera que en esa pintura que constituye el trabajo en equipo, es necesaria la expresión, pero también es necesario el silencio. Es imposible comunicarse si nos vamos devolviendo mensajes que se cruzan enel camino. Si el espacio verbal se encuentra hacinado.

Nos han entrenado a utilizar mejor la palabra que el silencio, aunque el silencio puede ser muy elocuente. Silencio que no sea carencia de qué decir sino abundancia de disposición a escuchar. Un buen facilitador de gruposy un buen terapeutahan aprendido a sentirse cómodos con su silencio y el grupo y el cliente, salen beneficiados .

Nos han entrenado para dar respuesta y consideramos indebido encontrarnos sin ellas. El estudiante no “batea” por mala intención, sino porque piensa que no responder, es peor que responder erróneamente.¿ Cuándo fue la última vez que Ud. escuchó a un profesor, a un político o a cualquier autoridad decir que no sabía la respuesta dealguna pregunta ?Un antiguo escritor recomienda permanecer atentos para que las palabras no se interpongan entre la verdad y nosotros. Podríamos repetir tantas veces una afirmación errónea, que nos fuera pareciendo correcta.

En un equipo de trabajo, se puedecontribuir guiando, aclarando, formulando preguntas, ordenando lo que se va produciendo, entusiasmando a los demás, estimulando su participación, poniendo notas de buen humor. El recurso al uso intenso de la palabra puede ser disfuncional para el equipo, y como decían nuestros mayores,ponernos en el riesgo de mucho errar por muchohablar. Una vela enciende a otra sin ruido. Cada día amanece también sin ruido. La charla, la “parla”, son abusos contra el tiempo y la atención de los demás.

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