Fachadas

Publicado en La Nación el 27 septiembre, 1999
Categoría: Aprendizaje
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Una de las características del desarrollo, de la madurez personal, es la autenticidad. Es llegar a ser uno mismo. Bennis dice que la tarea esencial de los líderes es “dejar surgir el yo”. El yo, durante una buena parte de nuestra vida, yace por ahí detrás de múltiples fachadas: si la maestra de kinder valora la participación, el niñito se pone la fachada de participativo y vive detrás de ella. Si el profesor de colegio valora el trabajo en equipo, el joven se pone la fachada de miembro modelo de equipo y su verdadero yo queda “adornado” por esa fachada . Mucho de lo que se llama “reforzamiento” en las escuelas, en las familias y en las empresas consiste en estimular la formación de fachadas detrás de las cuales se agazapa el yo.

Las fachadas, no solamente se colocan para que las miren desde fuera, sino que también colocamos fachadas para mirarlas desde dentro: nos resulta agradable mirarnos como si fuéramospositivos ,generosos,objetivos. Entonces construimos una fachada hacia adentro y cuando miramos hacia el yo, lo que vemos es la fachada y no el yo real. Bennis dice que es básico, para llegar a ser líder, conocerse a sí mismo, lo cual , como sabemos no es nada original. Y cada vez que cuento esto ante estudiantes o ejecutivos, veo miradas que dicen “Esto no es conmigo, yo sí que me conozco” . La gran dificultad para conocernos más, es nuestra creencia de que nos conocemos bien.

Cuando cometemos un error, podríamos convertir ese hecho en una oportunidad de aprendizaje. En cambio, damos vueltas y vueltasdentro de nosotros mismos tratando de convencernos de que cualquiera lo hubiera cometido, de que lo que ocurrió es que no teníamos toda la información o de que fulanitonos indujo a cometerlo . Todo esto lo hacemos porque una de las fachadas que hemos construido hacia adentro y a veces también hacia afuera, es la de que nunca nos equivocamos. Si no tuviéramos esa fachada y con naturalidad y sencillez pudiéramos aceptar el error cometido, más pronto podríamos dedicar nuestra energía a subsanarlo o a aprender. Pero toda la energía que dedicamos a defendernos ante los demás o ante nosotros, se la estamos restando al esfuerzo de sacar algo positivo del suceso ocurrido.

Algo semejante nos ocurre con los temores. Tenemos para adentro la fachada de que somos muy valientes. A veces tenemos también esa fachada hacia afuera. Es la fanfarronería. ¿ Cuán valientes somos ? ¿ Cuán capaces somos de afrontar peligros sin entrar en confusión ? A veces lo sabemos, a veces no. Son cosas que no se pueden examinar en frío. Habría que presenciarse en una situación que necesitara arrojo. Cuando una situación nos atemoriza, necesitamos energía para enfrentarla. Si negamos eltemor, si lo racionalizamos, si nos vamos dando argumentos sobre por qué no debemos temer, o por qué debemos tener valor, todo ese servicio a la fachada interna, consume energía, la cual disminuye la energía necesaria para enfrentar la causa real del temor. Me gusta una definición irónica sobre el valor que dice que “El valor es el miedo que ya ha rezado sus oraciones”. Es el momento en que dejamosde racionalizar sobre el temor y concentramos toda la energía en enfrentar el peligro.

Otro tanto nos ocurre con la culpabilidad. La culpabilidad es un recordatorio saludable de que procedimos mal. Pero el proceso penal al que nos sometemos a nosotros mismos tiene que tener un final. Tenemos que escuchar la sentencia y no mantener un perdurable alegato a nuestro favor.Cuando hicimos una mala acción, es más constructivo dedicar la energía a repararla , o a expiarla de cualquier otra forma -porque hay daños que no se pueden reparar- . Pero si la fachada interna que nos muestra como correctos y justos nos obliga a mantener abierto ese diálogo interno de acusación y defensa, le estamos sustrayendo energía a la reparación o a la expiación.

Una tras otra se van diluyendo las fachadas. En eso consiste el proceso de llegar a ser uno mismo.

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