Cómo aumentar el compromiso

Publicado en La Nación el 30 agosto, 1999
Categoría: Cambio
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Decíamos la semana pasada que la eficacia aumentaría si en las relaciones jefe- colaboradores, médico-paciente, estudiantes-profesor la fuente de acción se desplazara un poco hacia los segundos. Aspiramos a un colaborador con iniciativa aún a pesar de las deficiencias de su jefe; a un paciente que contribuya activamente mejorar su salud; a un estudiante que gestione su propio aprendizaje a pesar del colegio, de los programas, de los profesores; y a un ciudadano que considere que los asuntos locales o nacionales son de su incumbencia,independientemente de lo eficaces o ineficaces que sean los gobernantes del momento.

Vamos a señalar con toda tentatividad cómo se puede avanzar en esa dirección, cuáles prácticas contribuirían a que fuéramos migrando de un papel pasivo a uno activo.Creo que lo primero que hay que hacer es un acto de esperanza. Apostemos a que hay personas de buena voluntad que estarían dispuestas a hacer el esfuerzo por ejecutar un cambio. “El no ya lo tenemos”, decía una amiga. Mientras no pidamos, mientras no sugiramos, mientras no propongamos, la respuesta vigente es no. Como decía aquél, fallamos en el cien por ciento de las cosas que no intentamos. En cambio si partimos de suponer buena voluntad, al pedir, al sugerir, al proponer, podríamos encontrar respuestas positivas.

Señalemos con claridad cuáles son los comportamientos que evidencian responsabilidad y compromiso y cuáles los que evidencian lo contrario. El ejemplo es insustituible para lograr un cambio, especialmente en temas abstractos como éste. Hay que difundir la visión de a dónde queremos llegar. Así nos haremos mássensibles al concepto lo cual es un primer paso para ir propiciando su puesta en práctica. No esperemos que las personas estén dispuestas a comprometerse más si no saben distinguir entre una actitud comprometida y otra desentendida. Nadie se puede hacer más responsablesi no tiene claro cuándo lo es y cuando no lo es . Esto es educar. Se educa para la convivencia, se educa para el hacer. No solamente se educa el intelecto.

Examinemos nuestra conducta individualmente o en grupo para darnos cuenta con tranquilidad, con apacibilidad, con objetividad, de cuándo nuestro manejo del compromiso o de la responsabilidadestá reflejando dependencia, pasividad, renuncia a la responsabilidad individual. No hay forma de mejorar establemente a una persona o a un grupo si no se parte del autoconocimiento. El gran enemigo del “Conócete a tí mismo” es que todos creemos que ya nos conocemos suficientemente.

El beneficio personal, la utilidad, es un poderoso motor. Encontremos la utilidad de comprometernos, de ser más responsables. No sólo la utilidad individual, sino la utilidad para la convivencia. Y en esto me parece que el mayor impacto educativo lo ha logrado la ecología, que nos ha mostrado cuán interdependientes somos y cuánto daño causamos a los demás con nuestra desidia. Siguiendo ese ejemplo exitoso, podríamos mostrar cuánto perjudicamos a los demás cuando en vez de pedalear, vamos “chupando rueda” . “Chupamos rueda” cuando vamos a la fiesta a que otros nos diviertan, cuando estamos en clase y no hacemos el esfuerzo de hacer preguntas, cuando vemos el país como si fuera de propiedad de “los políticos”, cuando en el trabajo ponemos las manos en la carreta pero no hacemos el esfuerzo de empujarla.

Intercambiemos información sobre cómo nos vemos en la práctica de la responsabilidad o del compromiso. En un equipo de futbol cada jugador aprende de las peticiones que le hacen los demás, de los señalamientos objetivos, respetuosos, apoyadores que sus compañeros le hacen sobre su estilo de juego. Esto tiene la ventaja de que nos hace mantenernos atentos sobre el tema y nos va dando información sobre cómo se nos percibe al respecto.

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