Incentivos intrínsecos

Publicado en La Nación el 5 julio, 1999
Categoría: Desarrollo
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Cuando hablamos de incentivos pensamos inmediatamente en bonificaciones, comisiones, premios, salarios.Y esos incentivos son muy respetables, sin que su respetabilidad nos lleve a afirmar cínicamenteque“ por la plata baila el perro” .Seguramente que bailará por la plata, pero sería un perro de menor calidad si sólo bailara por ella.Demming, el abanderado de la calidad total, rechaza los incentivos. Sostiene que le arrebatan al trabajador la posibilidad de hacerlas cosas bien por el orgullo de hacerlas de esa manera. Me parece muy idealista su posición . La realidad me parece que está entre la afirmación cínica y la afirmación idealista . Somos testigos y admiradores todos los días, del altruismo, de la generosidad, de quienes realizan esfuerzos y prestan servicios sin esperar a cambio una remuneración o un premio.

La naturaleza nos ha puesto incentivos para realizar determinados esfuerzos sin los cuales nuestra supervivencia se vería amenazada. El hambre por ejemplo constituye un estímulo del comportamiento que conduce a satisfacerla . El placer del adormecimiento-más intenso que el de dormir porque entonces no nos damos cuenta de nada-incentiva nuestra disposición al sueño en resguardo de nuestra lucidez y cordura .A nivel moral, hay ciertas cosas que nos parecen buenas y nos predisponen a accionar en su dirección. Una persona puede llegar a identificarse tanto con los objetivos de la organización para la cual trabaja, que se sienta impulsado a contribuir con su esfuerzo aunque no hubiera paga de por medio. Muchas personas prestan servicios voluntarios a clubes deportivos, partidos políticos, organizaciones de bien social. La conciencia de que lo que hacen esas organizaciones es bueno, los lleva a aportar su esfuerzo .

Moviliza también hacia el buen desempeño el grado en el cual los resultados sirvan a la persona para mejorar la imagen que tiene de sí misma. Hay resultados que permiten que nos regocijemos y que experimentemos un sentimiento de auto-admiración. No ha mediado la paga, ni el resultado ha sido visto por otros, pero sí hemos obtenido un aliciente. Nos reconocemos talentosos o tenaces.

También satisface el saberse en control. El niño no controla su vida. El adulto sí, porque tiene poder de decisión. Tiene la capacidad de empeñarse en cosas aunque le cuesten. Darse cuenta de que se hizo un trabajo a pesar de la gripe, o de la desilusión o a pesar de que no se contó con todos los recursos o con todo el apoyo, da una oportunidad de mejorar la imagen que se tiene de sí mismo. Lo contrario, desafortunadamente,también es cierto.

Se puede tener un comportamiento exclusivamente motivado por incentivos extrínsecos, o se puede tenerun comportamiento totalmente altruista que sólo piense en el bien de otros . El ser humano es inabarcable. Es capaz de la mayor insensibilidad y es capaz de excederse en la práctica de la generosidad. Hasta es capaz de la paradoja de devolver bien por mal . El ser humano puede convertirse en una pasión inútil como decía Sartre, o puede llegar a ser una pasión amorosa .Entre ambos extremos hay muchas tonalidades de comportamientos opcionales. Lo importante es pugnar por escoger racionalmente. Pobre de quienasume el primer comportamiento porque desconoce las posibilidades de otros. Y pobre también de quien asume compulsivamente el segundo tipo. O peor, de quien no se da cuenta de que es manipulado hacia uno u otro de los comportamientos extremos.En parte, lo que llamamos desarrollo personal es irnos haciendo más conscientes de lo que nos mueve y de las opciones de comportamiento entre los cuales podemos escoger.

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