Concretemos

Los seres humanos tenemos tanto la facultad de intuir la beatitud como la de hacer una vasija de barro. Somos un espíritu dotado de unas manos. Talvez por eso nos cuesta tanto concretar, porque lo mismo podemos permanecer en el nivel de lo abstracto que ponernos a hacer las cosas .

Todo plan de acción tiene que tener un fundamento conceptual, por así decirlo, un fundamento teórico. En unos casos se trata de una teoría científica, generalmente aceptada. Quien está tratando de hacer una ala delta para lanzarse desde un cerro, es mejor que conozca lo que la teoría aerodinámica afirma. En algunos casos la acción no se fundamenta en una teoría con ese grado de universalidad sino más bienen lo que la sabiduría popular considera correcto. No hay ningún teorema que afirme que si se habla a alguien en términos ofensivos, vamos a obtener menor colaboración que si se le habla amablemente. Pero la sabiduría popular sabe que eso es así.

Ambos, la teoría y la sabiduría popular no van más allá de decirnos cómo debería ser nuestra acción, cuáles cosas no se pueden violar si es que queremos obtener los resultados. El que hace, debe dejar atrás la teoría o la sabiduría popular y adentrarse en el terreno de la acción. Terreno en el cual el primer paso es formular un plan que responda a las famosas preguntas de qué se hará, para qué, con qué, cuándo, quién o con quién y cómo .

El plan de acción ya nos ha hecho descender del nivel espiritual al que pertenece la teoría y nos ha hecho poner los pies en la tierra. En el nivel de la teoría, los conceptos son bien modositos. Se comportan como uno espera que se comporten. Mientras que en el nivel de la acción, las cosas tienen la mala costumbre de no salir como esperábamos, de no obedecer a nuestros planes y de darnos sorpresas desagradables. Pensamos en hacer una mesa. En nuestra mente el concepto de mesa se comporta de manera admirable. La vemos. Ideal, resplandeciente, perfecta , y sentimos que el corazón nos salta de ansiedad por darnos a la tarea de construirla y de esta manera sorprender a quien queramos sorprender con esa mesa como nadie jamás vio otra igual .Estamos en el nivel de los conceptos, y entre ellos el espíritu se pasea satisfecho y confiado.

Luego descendemos al nivel del plan. En este caso, hacemos un dibujo de la mesa. Resaltamos algunos detalles importantes. Anotamos las dimensiones de todas las piezas. Explicamos cómo serán los cortes. Cómo se harán las pegas. De qué material la haremos. Con qué herramientas debe hacerse tal o cual operación .Ahora ya el espíritu se ha materializado. Ya ha dejado su huella de tinta en el papel del plano.Lo que al principio parecía una excursión imaginaria por el mundo de las ideas, ya ha dejadoahora una evidencia física de ellas. No estábamos soñando. Aquí están las evidencias de que la idea es realizable.

Ha llegado la hora de que la idea se haga cosa. Empezamos a ejecutar el plan -a hacer lo que el plano dice- y entonces es cuando la cruda realidad se cuela en nuestro afán. Las herramientas no cortan como lo previmos. La madera no es un material homogéneo sino que tiene sus partes más duras que otras que hacen que su comportamiento no se adapte a lo planeado. Las dimensiones, que en el plano son indudables, en la realidad dan lugar a diferencias. No hay un plano en el cual una mesa tenga una pata más larga que las otras. Pero en la realidad, como lo sabe todo ebanista, toda mesa de cuatro patas necesita sus ajustes porque de alguna manera inexplicable, siempre resulta renca.

Es dramático comparar lo que soñábamos hacer con lo que finalmente logramos. Pero sólo son capaces de hacer con efectividad quienesaceptan con comprensión esa brecha. El perfeccionista, quiense resiste a aceptar la brecha,jamás concreta su sueño. Ignorante de que una mesa renca es mejor que la mesa ideal que no se concreta jamás.


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