Delegación

Publicado en La Nación el 29 junio, 1998
Categoría: Desarrollo
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Los empleados jóvenes en las empresas,los hijos en las familias , los líderes jóvenes en los partidos, siempre piden oportunidades de ir tomando sus propias decisiones, realizando su propios planes. Es imposible que una o pocas personas puedan acumular toda la responsabilidad, toda la acción, principalmente porque la cantidad de información que hay que manejar casi para cualquier asunto, ha venido creciendo paralelamente con el éxito que han tenido los medios de comunicación y de informática.

La delegación tiene una cara con la que todo el mundo está de acuerdo. Quien delega aumenta su capacidad de acción, aumenta la información de la cual dispone, se acerca a los asuntos a través de su delegado. Casi no hay acción de importancia que no necesite ser dividida y encargada en alguna de sus partes a la colaboración de otros. Es de sentido común que el estar cerca de los hechos le da un conocimiento al encargado de hacer algo, superior al que tiene quien le ha delegado. El general en su cuartel de campaña puede señalar la estrategia, pero quien tiene que habérselas con el enemigo, es el soldado metido en su trinchera .

Pero también la delegación tiene su costo.Delegar es aceptar el riesgo de que el otro se equivoque a nombre de quien delega. Esto es cierto para la madre que envía a un niño a hacer un “mandado”, y para el gerente que le encarga una misión a un colaborador.Y esto de poner su responsabilidad en riesgo, al dejar un asunto en manos de otro, se le hace difícil a mucha gente. De ahí que recurran a una serie de argumentaciones sobre por qué no delegar. “ ¡Es que nadie hace las cosas como uno ! ”Y en esa exclamación se encuentra la secreta fantasía de que pudiéramos ser clonados para poder delegar pero en alguien tan conocido y tan confiable como nosotros mismos.

La delegación – dejar que el otro haga y aceptar el riesgo de que se equivoque – es una inversión. Es tiempo y esfuerzo que se invierte en desarrollar personas que vengan a aumentar nuestra capacidad de trabajo. Sin esa inversión un jefe no llegaríanunca a desplegar todo su potencial. Y el camino más seguro hacia el stress y hacia la inefectividad, es llenarse de tareas y caer en lo que se llama “la trampa de la actividad” . Precisamente una definición simple de jefe es alguien cuyo trabajo consiste en hacer trabajar a otros y cuyo éxito depende de hacer que los otros hagan ese trabajo muy bien.

Otro gran obstáculo a la delegación es olvidarse de que hay resultados que pueden lograrse siguiendo diferentes caminos y pretender que aquella persona en quien se delega siga exactamente el mismo procedimiento que seguiría quien le hace el encargo. Les hacemos un encargo pero luego quisiéramos mirar permanentemente por encima de su hombro para tranquilizarnosUna regla simple para desarrollar a otroses señalarles el resultado deseado y darles libertad para que entre varios procedimientos idóneos, sigan el que su estilo y su gusto les señalen . Decirle a alguien con todos los detalles qué hacer, cuándo y cómo, es robotizarlo.

Como jefes, como padres, como pareja, le metemos mucho “ruido” a colaboradores, hijos y pareja, porque no les perdonamos que no sean como nosotros somos o como pensamos que ellos deberían ser y por no dejarlos hacer a su manera. Esta es una de las formas de no dejar ser al otro. Una de las formas de negarle a los demás el derecho a ser como son . Pero ésta es otra historia .

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