Demeritar lo hecho

Publicado en La Nación el 11 mayo, 1998
Categoría: Artículos
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Dicen que después de la guerra todos somos generales porque tenemos la inclinación a decir cómo se debió haber peleado esa guerra . En la gradería del estadio somos estupendos técnicos que no nos explicamos cómo es que el de nuestro equipo no hace tales o cuales cambios o no aplica tal o cual estrategia. Miramos las jugadas en la televisión y nos parece que nosotros sí hubiéramos logrado driblar al defensa, hacer el pase preciso o lograr el chanfle que nos hubiera permitido ganar el partido. Lo ideal nos fascina. Todos tenemos noción de cómo deben ser las cosas idealmente y ese ideal es como un permanente tirón hacia lo perfecto, necesario para cualquier mejoramiento.

Sin embargo hay un grave riesgo en confundir lo ideal con lo real. Lo que debería ser con lo que es. Y mucho más grande es el riesgo cuando tomamos lo que alguien ha hecho y lo comparamos con nuestro ideal, dando por sentado que nosotros sí seremos capaces de hacerlo conforme a ese ideal. El niño ve el dibujo que hizo su compañero y lo demerita, algunas veces porque asume que el suyo -que aún no ha empezado-será como el ideal. Está comparando “lo que hizo ese´ chapa ´conlo que yo haré ”. Es indebida la comparación de lo hecho con lo que pensamos hacer.Lo hecho ya está ahí, en presente, en concreto. Lo que pensamos hacer, no hay certeza de que lo hagamos. Hay que tener claro eso. Lo que pensamos hacer es de una naturaleza distinta a lo hecho.Lo que es, es superior a lo que no es .

Ocurre que cuando alguien ocupa el puesto de un compañero durante sus vacaciones, repara en lo que éste tiene atrasado, en la forma como ha venido haciendo las cosas, en el desorden que tiene. Presenciamos poca tolerancia para la forma como el ausente hace las cosas, talvez en un esfuerzo inconsciente por iniciar la sustitución del compañero con unos puntos a favor, por haber señalado lo que a nuestro juicio aquél no hace bien. Pero lo mismo ocurre algunas veces cuando cambiamos de médico o de abogado. El nuevo profesional siempre tiene que señalarle defectos al trabajo realizado por su colega. Como si el haber señalado lo que le faltó al colega constituyera una bonificación para el trabajo que recién iniciamos.

Creo que es en la novela “Las llaves del reino” que alguien descubre que una persona tomaba pastillas tranquilizantes, por locual la censura de manera incisiva porque eso, a su juicio,evidenciaba una debilidad, en tanto pasaba por alto actos verdaderamente hermosos de aquella persona. Cuando cae en la cuenta de su omisión se recrimina porque en vez de reparar en el heroísmo invisible, había reparado en las debilidades visibles .

Talvez nos lleva a esa falta de integridad, la sobreintención por producir resultados. Recién contratada o recién promovida, la persona tiene una cierta urgencia por consolidarse en su puesto o en su relación con resultados tempranos. Recuerdo un empresario que cuando contrataba personal de cierto nivel siempre tenía el buen juicio de hacerle la recomendación de que en los primeros meses en el puesto, no debía preocuparse por criticar lo existente ni por producir resultados,sino por ver, escuchar y aprender. Eso es un reconocimiento de que la acción compleja no es cosa de “soplar y hacer botellas”. Y que resulta disruptivo entrar en una organización-en la cual desde luego somos cuerpos extraños al principio- minusvalorando lo que se ha logrado muchas veces con gran esfuerzo.

Es sano el afán por superar la gestión de quienes nos han precedido pero poco prudente dar por recorrido el camino que apenas empezamos a recorrer.

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