Resistencia al cambio

Publicado en La Nación el 13 abril, 1998
Categoría: Artículos
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Las empresas y las personas van evolucionado en medio de múltiples circunstancias. Los cambios en las circunstancias demandan cambios en la manera de

operar o de vivir .El funcionamiento del mercado implica que los competidores tratan de superar lo que hacen otras empresas. Eso es beneficioso para los consumidores porque pone a nuestra disposición mejores productos a mejores precios. Pero para las empresas que compiten, esa caja de sorpresas las obliga a vivir con el sobresalto de tener que moverse aun para conservar el mismo lugar . Eso las lleva a cambiar sus carteras de productos, a cambiar las tecnologías con las cuales los producen, los mercadean, con las cuales gerencian sus finanzas, su información, sus recursos humanos.

Las personas vivimos varios procesos de cambio simultáneos . El paso del tiempo nos hace transitar por etapas tan distintas como la adolescencia y la adultez madura . La composición familiar nos hace pasar de ser “hijos de familia” a ser abuelos de adolescentes. Nuestro rol social pasa de ser un día jóvenes pretendientes a ancianos patriarcas que encabezan una familia consanguínea y política y finalmente a ancianos solitarios que rumian recuerdos. En nuestro rol económico pasamos de infantes dependientes a empresarios empleadores.Y todo esto en el breve lapso de cincuenta o sesenta años, que para quien ya los transitó, son sólo un soplo, como dice el tango.

Mas a pesar de la gran cantidad de cambios que hemos experimentado, a pesar de la convicción de que lo natural es el cambio, siempre que nos enfrentamos a la necesidad de cambiar, experimentamos alguna resistencia¿ Por qué ?

Tan importante como la disposición a cambiar, es apegarse a lo establecido.Los seres humanos tenemos un comportamiento económico, esto es, nos comportamos siguiendo unas reglas que tienen por finalidad hacer el mejor uso de los recursos que tenemos disponibles. Para eso, queremos elevar los resultados de nuestras acciones y hacerlas con el menor costo .La “ley del menor esfuerzo” que a veces se invoca para criticar a quienes la siguen, es una de las manifestaciones del comportamiento económico. A veces en el gimnasio hacemos contorsiones que juzgamos saludables, pero cuando se trata de atarnos los zapatos, subimos el pie para hacerlo con mayor facilidad.

Como seres “económicos” sabemos que si todos los días tuviéramos que inventar de nuevo la forma de hacer las cosas, eso consumiría una gran cantidad de recursos, entre otros, tiempo y energía . Por eso valoramos la estabilidad, la cual se asienta en la práctica de hábitos y rutinas. Los hábitos y rutinas se ejecutan con poco esfuerzo. Tenemos una rutina para vestirnos, para comer, para relacionarnos con los demás, para hacer nuestro trabajo. Sólo imaginemos lo que ocurre cuando un accidente cerebral hace que nos olvidemos de cuáles pasos dábamos para vestirnos. Creo que nadie querría tener que volver a aprender cómoamarrarse los zapatos.

Las rutinas y los hábitos nos resuelven económicamente algunos problemas. Abandonarlos tiene un costo. Por eso nos resistimos a cambiar. Porque implica el costo de tener que aprender, de tener que pensar, de dedicar más tiempo a la actividad. Además, la falta de práctica que tenemos con respecto a lo nuevo, hace mayor el riesgo de hacerlo mal. La conciencia de ese riesgo, produce ansiedad y a algunos les produce angustia .

Dicen que la única persona que le da la bienvenida al cambio, es un bebé que tiene los pañales sucios. Los demás nos defendemos con uñas y dientes para no cambiar. Lo cual no implica ni que seamos retrógrados, ni conservadores, sino sólamente que valoramos la estabilidad porque procedemos económicamente. Esto explica un poco la resistencia al cambio y abre la cuestión de cómo promoverlo o gestionarlo, puesto que el cambio es necesario, pero no se produce espontáneamente porque va contra una parte de nuestra naturaleza.

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