Yo podría estar equivocado

Publicado en La Nación el 8 diciembre, 1997
Categoría: Convivencia
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En un agradable librito llamado “Todo lo que aprendí lo aprendí en el kinder”, encontré una idea que me parece muy útil. El autor recomienda que para entendernos mejor, para poder comunicarnos como adultos equilibrados, deberíamos colocar en un lugar visible – prenderlo en el pecho, por ejemplo- un letrero que dijera “Yo podría estar equivocado” .

Imaginemos si en esa reunión de negocios, esos dos participantes no dieran la sensación de que cualquiera que no piense como ellos es sospechoso de tener un bajo cociente de inteligencia. Pensemos en tantos jefes de familia que de buena gana se construirían un púlpito en su casa para predicarle a sus parientes. Pensemos también en lo saludable que sería que desaparecieran expresiones como las de ese compañero de equipo que acostumbra empezar sus intervenciones diciendo : “Es obvio que …. ” , cuando casi cualquier asunto tiene sus bemoles, excepto para quien está empeñado en demostrar que tiene la razón.

Es sano tener confianza en lo que pensamos o hacemos. Pero de ahí a pensar que no podemos estar equivocados hay una gran distancia. Recuerdo a Marcos Ramírez decidiendo dispararle un flechazo a un pajarito que estaba parado en el marco de una gran ventana: “Si uno lo agarra bien no quiebra el vidrio, porque el pájaro le sirve a la piedra de colchón” . ¡ Si sólo se hubiera detenido a decir “yo podría estar equivocado” !

Escuché una vez a un empresario relatando cómo había fracasado un proyecto en el cual participó. “Es que utilizamos el método “ponele” -decía- : ponele que vendamos mil trastes, ponele que los vendamos a mil cada uno. Ahí tenemos un millón. Ahora ponele que cada traste nos cueste 100.Ahí ya nos ganamos novecientos mil”.Pero claro, los costos no fueron de 100, la venta no fue de un millón … vamos, que el pajarito se corrió y no sirvió de colchón !

En la empresa, en la política y en la familia, muchas cosas no son blancas ni negras. Hay tonos grises. Hay cosas que son a lunares. Quien no tiene la sabiduría de considerar que podría estar equivocado, es rotundista: “esto es blanco” o peor aún “nadie me va a convencer de que esto no es blanco”, con lo cual queda cerrada la puerta a cualquier arreglo. Y el arreglo es a veces la única forma de que algo camine. A veces es la mejor solución porque incorpora ideas de ambas partes. Negociar no es ceder. Negociar es buscar terceras posiciones que sean superiores a las dos posiciones en conflicto. Negociar es buscar soluciones en las que ambos ganen.

La ciencia ha progresado lo que ha progresado porque los científicos, a pesar de lo seguros que parecen, saben que la regla de juego básica de la actividad científica es el cuestionamiento. Los descubrimientos se celebran con regocijo, pero en el mismo instante dan lugar a que otros científicos comiencen a repetir los experimentos a ver si el flamante descubridor tiene razón o está equivocado. De manera que el científico honesto lo que dice al comunicar un nuevo conocimiento es “aquí está esto, pero yo podría estar equivocado”.

Claro que hay algunas convicciones especiales que no estamos dispuestos a negociar,pero darle ese carácter a todas las opiniones dificulta mucho la convivencia, el trabajo, la acción.

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