Qué difícil

Cuando se es niño y se está enfrentado a haceralgo que sobrepasa las destrezas , la exclamación de «¡esto es muy difícil !» resume toda la frustración ytoda la decisión de abandonar lo que se está haciendo.Generalmente esta situación siempre hace surgir un adulto voluntario que viene, con intención de rescatar al niño: «¡Venga y verá que no es difícil !». Con esto, se produce una escena que se repetirá incesantemente a lo largo de nuestra vida: la negación de la realidad.A quien dice que algo es difícil, la mejor forma de ayudarle es aceptar que para él o ella, lo real es la dificultad.

Si un adulto o alguien con autoridad, como un jefe, un entrenador, un profesor,niega a a una personala realidad de lo difícil, el mensaje que esta persona recibe es el de que señalar una dificultad es negativo. De aquí en adelante, la persona que encuentra la dificultad podría empezar a buscarle explicaciones a la dificultad. Desafortunadamente esas explicaciones podrían tomar caminos que la deterioran : soy muy «chapa», a otros no les cuesta tanto, mejor no vuelvo a intentarlo.

Aceptar que algo es difícil, o que es doloroso, o que demanda sacrificio es un buen punto de partida para la acción realista. No se le ayuda a un colaborador a quien le estamos pidiendo que venga a trabajar el domingo, si se le dice que podría disfrutar haciendo ese uso de su feriado. Es preferible de manera adulta aceptar y compartir que el domingo preferimos descansar pero que hay situaciones que hacen necesario trabajar durante ese día de descanso.

Decirle a alguien que no es tan desagradable ir al dentista, es poner en peligro la confianza que aquél nos tiene. Es preferible con realismo ayudarlo a ver las consecuencias de posponer el tratamiento. Lo difícil, lo desagradable, lo doloroso, tienen mala prensa, y es natural que lo tratemos de evitar. Pero también es necesario que lo sepamos asumir como adultos.

Una forma de justificar lo difícil, lo desagradable, es a través de los objetivos. Si el objetivo vale la pena, el esfuerzo se hace más llevadero. De ahí la enorme importancia de que nuestros colaboradores sepan para qué se hace algo. Para qué hay que trabajar el domingo. Para qué hay que repetir lo que acabamos de terminar. Desgraciadamente, nuestra visión de corto plazo nos hace más presente el esfuerzo que el objetivo. Cuando vamos escalando, sentimos más las rodillas sobrecargadas que la sensación de logro de llegar a la cumbre. En la mente del estudiante está más presente el peso de las horas de estudio, que la expectativa de éxito al final del curso . Por eso aprender, cambiar, mejorar tropiezan con tantos obstáculos. Por eso abundan más los buenos propósitos que las realizaciones.

Nada que valga la pena se realiza sin sacrificio. Es bueno poder hacer las cosas con gusto, pero no todas se pueden hacer por gusto . En ese sentido el trabajo es fuente de disciplina y de formación del carácter. Todo lo cual suena a predicación para un adolescente que con negligencia va dejando que sus calificaciones en la escuela caigan a niveles peligrosos. Sólo que de pronto, el mensaje ya no viene de la abuela preocupada o del orientador del colegio sino que viene de Warren Bennis, experto en liderazgo, profesor distinguido de la Universidad de California del Sur: «Pienso que liderazgo es carácter. Carácter no es sólamente estilo superficial. Tiene que ver con quiénes somos como seres humanos y con lo que nos forma».

Si la disciplina del trabajo difícil nos forma, también nos hace un poco líderes. Basta entonces de «dorar la píldora». Mejor que intentar endulzar lo difícil es darle el valor que tiene para la propia formación.


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