Retos o problemas

Publicado en La Nación el 13 octubre, 1997
Categoría: Artículos
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Hay palabras lindas, cargadas positivamente. Su sola evocación es un bálsamo para el alma: aurora, primavera, caricia. También existen palabras con carga negativa, ante los cuales tenemos con menor o mayor intensidad, una actitud fóbica, de rechazo: enfermedad, defecto, pecado. Mi primera recomendación en los talleres de solución creativa de problemas, es realizar una exploración sobre qué es lo que la palabra “problema” evoca en cada uno. Fácilmente se puede determinar que la palabra está cargada de evocaciones negativas. Las asociaciones que surgen son conceptos tan desagradables como desgracia, calamidad, enredo, “clavo”, “torta”.”Ahora vamos a poner un problema a ver si entendieron” -dice el profesor- y los estudiantes se rascan la cabeza ansiosamente .

Algunos visualizan la palabra “problema” como algo que les cae encima y que los obliga a realizar un gran esfuerzo para no ser aplastados. Eso talvez explica por qué es común escuchar expresiones tales como “vivir sin problemas”,”ese no es problema mío”, “te estás metiendo en problemas”. En algunos casos el pensamiento mágico-supersticioso puede llevar a ver en el problema una intención de castigo. A esto creo que se deben frases como “Esto sólo me podía pasar a mí”, “Eso me pasa por descuidado”.Así culpabilizados, la capacidad de resolución disminuye. Y como en una tragedia griega, se acepta el problema como parte del destino y como un acto de expiación.

Sostengo que si la palabra me aplasta, la disposición de ánimo para lidiar con el asunto se ve reducida. Para decirlo en lenguaje popular, desde que decimos “he aquí un problema”, ya “entramos quedando”.Por tanto, propongo que vayamos sustituyendo la palabra por otras que nos resulten menos contraproducentes. Se pueden utilizar palabras de menor carga negativa tales como obstáculo, bloqueo, dificultado contratiempo, o una palabra neutra tal como asunto o situación . Sin embargo, la palabra que me resulta más satisfactoria es la palabra“reto” .

La palabra “reto” nos desafía. Nos invita. Nos “pica la cresta”. Convoca nuestra energía. Aumenta el fluir de la adrenalina. En las guerras a base de infantería, los clarines y los tambores acompañaban a los combatientes. Imagino que suefecto era el de enardecerlos. Al toque del clarín, germinaban semillas de heroísmo en los corazones de los soldados. La palabra “reto” tiene una función parecida. Es un toque de alarma. Un llamado a la deportividad, al combate, a la lucha, al esfuerzo.

Todos hemosconocido personas que ante un problema, propio o ajeno, no resisten la inclinación a involucrarse y proponer soluciones . Puede ser que espontáneamente perciban los problemas como retos y se sientan invitados a ejercitar sus destrezas. He observado por ejemplo, cómo cuando alguien deja encerradas las llaves en su automóvil, siempre surgen voluntarios para ayudar a abrirlo. O cómo cuando indefensos levantamos la tapa del motor para ver por qué no arranca, siempre aparecen asesores voluntarios. El ser humano es un ser para la acción. Pocas personas resisten pasar de lejos ante algo que necesite ser enderezado, allanado, resuelto. Las cosas nos retan . La tilde que falta, el cuadro colgado en la pared que perdió la vertical, la pregunta formulada, nos mueven a poner nuestra parte para completar lo incompleto.

Hagamos durante una semana el ejercicio de sustituir la palabra “problema” por la palabra “reto”. Los asuntos serán igualmente difíciles, pero nuestra actitud va a ser distinta. Miremos nuestro puesto de trabajo o nuestro papel familiar como el lugar en el cual nos enfrentamos a un cierto número de retos por semana, no como la posición donde parece que se concentran todos los “clavos” de la empresa o del hogar. La empresa nos contrata para que lidiemos con esos retos. Sin ellos nuestro puesto carecería de sentido. Y el hogar no nos contrata, pero valora igualmente el que nos hagamos cargo de su solución.

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