De qué manera puedo Dqmp

Publicado en La Nación el 6 octubre, 1997
Categoría: Artículos
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Hace una semana, proponíamos que si en vez de denominar problemas a los asuntos que demandan una solución, les denomináramos retos, estaríamos en mejor actitud para enfrentarlos.

La mejor manera de convertir un problema en un reto es formularlo después de pronunciar una frase muy útil, a saber : De qué manera podemos … y luego, se describe el asunto. El título de este artículo corresponde a las iniciales de las palabras de esa frase. Muchas personas, cuando se les pregunta cuál es el problema, contestan con descripciones. La descripción no tiene garra. No nos pone en situación de resolver nada. Veamos. Olvidamos el paraguas y a la hora de salir hay un aguacero torrencial. Si alguien nos preguntara cuál es el problema, podríamos contestar con descripciones tales como: este aguacero, olvidé el paraguas, estoy resfriado. Todas esas son descripciones.Y según hemos dicho, ninguna de ellas nos conducirá a una solución. En cambio sí estaríamos camino a la solución cuando dijéramos : DQMP (de qué manera puedo) llegar hasta la parada de buses sin mojarme.

La primera reacción que un asunto nos produce no es racional. Pensemos en cuando estamos de prisa y la carta que tenemos que enviar en ese minuto, al firmarla adquiere una mancha expansiva del café que acabamos de apurar. Sólo si fuéramos un robot, nos preguntaríamos qué es lo que hay que hacer para resolver la emergencia. Lo normal, ustedes saben qué es: interjecciones, exclamaciones, lamentos, inculpaciones. Ese temporal hay que vivirlo. Hay que dejarlo ocurrir. Pero su carácter explosivo hace que se agote en poco tiempo.Luego comienza el verdadero proceso racional de resolución del problema.

En la resolución de problemas hay que tener claras algunas cosas. Hay retos que se resuelven solos. Si en un restaurante me falta dinero para pagar la cena que acabo de ingerir, eso no se resuelve solo. Pero si me atrapa un aguacero, eso podría resolverse con sólo esperar a que escampara. El tiempo es un aliado para la solución de algunos retos. Conviene distinguir para cuáles.(Se acuerdan de aquella idea de que la juventud es un problema que se resuelve con el tiempo). Hay retos que no tienen solución y ante los cuales no hay método que valga. Saber distinguirlos es un acto de prudencia.También hay que tener claro que el mejor proceso de solución de problemas es el que tiene como una de sus etapas la prevención: es preferible evitar un problema que resolverlo. Finalmente, cualquier esfuerzo por resolver un reto sólo se justifica siestamos trabajando en el asunto correcto. De ahí que convenga dedicar mucho esfuerzo a precisar cuál es el verdadero asunto. Si tengo urgencia por enviar una información y se me estropea el fax, el verdadero reto no es cómo reparar el fax sino cómo enviar la información a tiempo. El verdadero reto no son las notas bajas del estudiante, el verdadero reto es de qué manera podemos entusiasmarlo para que revise su método de estudio.

Un par de ideas más. En el proceso de solucionar un reto, es importante que logremos generar una gran cantidad de opciones que lo resuelvan, pero a veces el asunto es tan acuciante, nos causa tales sentimientos de temor, de angustia, de urgencia, que en cuanto surge una solución, nos agarramos a ella con desesperación, sin considerar que otras soluciones podrían ser menos costosas, más efectivas, o tener menos consecuencias secundarias. Es útil habituarse a que cuando surge una solución, digamos “esa es una solución posible” y no “esa es la solución” .

Después de todo el proceso de búsqueda de soluciones, vamos a estar como el paciente a quien el médico le extiende una receta. No sanará a menos que siga la prescripción, a menos que pase por el rigor de respetar la dosis y por el sacrificio de ponerse las inyecciones. El pensamiento no sustituye a la acción. Cuando se llega a concebir la solución, ha llegado el momento de arrollarse las mangas y ponerlas en práctica, lo cual ya no es un acto de inteligencia sino un acto de voluntad.

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